La Nueva economía

El término nueva economía fue acuñado por el economista Brian Arthur, aunque fue popularizado principalmente por Kevin Kelly, el editor de la revista "Wired".



Este término fue creado a finales de los años 90 para describir la evolución de una economía basada principalmente en la fabricación y la industria a una economía basada en el conocimiento, en los Estados Unidos y otros países desarrollados, debido en parte a los nuevos progresos en tecnología y a la globalización económica. 

En ese momento, algunos analistas entendieron que este cambio en la estructura económica había creado un estado de crecimiento constante y permanente, de desempleo bajo, y relativamente inmune a los ciclos macroeconómicos de auge y depresión. Además, creyeron que el cambio ponía en obsolescencia antiguas prácticas de negocios.


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La Nueva Economía tiene tres rasgos fundamentales, profundamente interrelacionados.

  • Se centra en la información y el conocimiento como bases de la producción, la productividad y la competitividad.
  • Es una economía global, la producción y gestión de bienes y servicios se organiza a nivel planetario.
  • Internet es el sistema de organización en la Nueva Economía.
  • La principal característica de la Nueva Economía es la ausencia de fricción. 
  • La economía clásica tiene lugar en el espacio y en el tiempo, eso implica que cualquier actuación (económica o no) implica perdidas de energía por causa de la fricción. 
  • Las transacciones económicas que tienen lugar a través de la red reducen considerablemente la fricción, debido a lo que se ha llamado 'la desaparición de las distancias', esa desaparición de las distancias, unida a la desmaterialización de la economía han sido presupuestos necesarios para el nacimiento de la Nueva Economía.

El fenómeno de la globalización está intrínsecamente unido al de la Nueva Economía. 

La economía mundial cada vez se encuentra más inter-relacionada, los mercados se amplían y flexibilizan, la producción se deslocaliza y las grandes empresas enfrentan la creciente competencia mediante alianzas y fusiones.

Asistimos a un incremento de la productividad superior al de otros ciclos que trae aparejado una mayor contención de la inflación (principalmente en EEUU), la Nueva Economía alarga el ciclo económico expansionista gracias a la preponderancia que adquieren el conocimiento y la innovación dentro del proceso productivo, estos se ven favorecidos por otras características como el proceso de desregulación económica y el desarrollo de nuevos mercados.

Nueva Economía y las leyes económicas

Hasta la crisis de las empresas punto com, existían dos posturas antagónicas acerca de la relación entre la nueva economía y las leyes económicas:

Por un lado algunos observadores sostenían que con la Nueva Economía la teoría económica convencional era cosa del pasado y que esta nueva forma de hacer negocios revolucionaría las leyes económicas tradicionales. Las ideas sostenidas por Kevin Kelly, luego plasmadas en su libro “Nuevas reglas para la nueva economía”, alentaron una idea radical: la teoría económica convencional, la ciencia económica, tal como se la conocía, era cosa del pasado. 
Esta corriente de pensamiento fue dominante hasta el año 2000, y constituyó el soporte intelectual de toda la movida de la primera etapa de la nueva economía, durante su espectacular despegue en el período 1995-2000.
Por otro lado, una segunda visión argumentaba que la economía con sus conceptos básicos y sus herramientas sigue siendo la de siempre, pero a partir de la generalización de las nuevas tecnologías, se ha generado un nuevo modelo de negocios que, progresivamente, va incrementando la eficiencia y ofreciéndole al cliente productos y servicios cada vez más cercanos a los que éste demanda. De esta forma, si interpretamos el término nueva economía en el sentido de los principios económicos que rigen el funcionamiento de los negocios, no existe novedad alguna, lo que se ha generado, son nuevos modelos de negocios que, pueden resultar rentables y / o han logrado una mayor eficiencia en negocios existentes. 

“La tecnología cambia, las leyes económicas no”, los fundamentos de la economía industrial y de la economía de la información son los mismos. Lo que cambia es la relevancia de ciertas ideas económicas que permiten interpretar comportamientos propios de negocios donde prima el manejo de información, las cuales tenían una aplicación limitada en empresas industriales.

 
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Parece que tras el crash de las bolsas que comenzó en el año 2000 y que es conocido como Burbuja .com, esta segunda interpretación sea la más aceptada, sin embargo, Brian Arthur opina que hoy conviven dos realidades económicas distintas, en la parte tradicional de la economía se aplica la Ley de los rendimientos decrecientes, mientras que la Ley de los rendimientos crecientes es típica de las áreas basadas en el conocimiento, "La economía de nuestros días se bifurcó en dos mundos interconectados - son dos mundos con lógicas económicas diferentes (...) es un error insistir que lo que funciona en una, funcionará en la otra".

La organización en red

La producción económica se organiza en torno a redes informáticas. Empresas, clientes y proveedores aumentan su colaboración y control de los procesos de generación de valor, en beneficio de su competitividad.

La gestión del cambio

La Nueva Economía afecta en mayor o menor medida a todas las actividades y sectores económicos y a la forma de entender los negocios. 

La Nueva Economía permite a las empresas personalizar la relación con el cliente disminuyendo al tiempo precios y costos, es al mismo tiempo una oportunidad de conseguir mayor productividad y bienestar económico y un peligro por cuanto la falta de comprensión y adaptación a las nuevas reglas dificultará la competitividad de aquellos que no sean capaces de gestionar el cambio.

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¿HACIA DÓNDE NOS ENCAMINAMOS?

La economía política internacional, que ha aportado tres cuartos de siglo de paz y prosperidad a los países que conforman su núcleo, se encuentra en un momento de transición. Las economías políticas globales y nacionales que constituyen el sistema se enfrentan a retos políticos y económicos desencadenados, en gran medida, por una transformación fundamental de la economía industrial moderna sobre la que se construyeron esas economías políticas. 

Algunos de estos retos se manifiestan en forma de ajustes al cambio de las relaciones económicas globales que desempeñaron un papel crucial en ese orden. La experiencia de los años de entreguerras nos recuerda que, aunque la globalización es reversible, las consecuencias de dicha vuelta al pasado son como mínimo impredecibles, y muy probablemente nefastas. 

Además de los retos derivados de cambios estructurales en la economía y del efecto de esos cambios sobre los acuerdos políticos que respaldaron el liberalismo establecido del OELI de la posguerra, nos enfrentamos, por primera vez desde el final de la Primera Guerra Mundial, a la cuestión de si el sistema también está afrontando una profunda crisis de liderazgo. 

En el período de entreguerras, Gran Bretaña ya no era capaz de proporcionar ese liderazgo, y Estados Unidos, la única nación con la capacidad política y económica para asumirlo, creó un vacío que ayudó a destruir la primera globalización liberal (Kindleberger, 1986; Skidelsky, 1976). Aunque está claro que el compromiso colectivo con un orden semilegalizado es un sustitutivo eficaz de la hegemonía, no está en absoluto claro que semejante orden pueda sobrevivir a la renuncia a ese compromiso por parte de una nación con capacidad hegemónica. 

Aquí, la cuestión es si el “trumpismo” es una aberración que revertirá con el tiempo o si constituye una amenaza continuada del tipo que representó Gran Bretaña en el período de entreguerras. Irónicamente, tal y como hizo en esa época, hoy la «Pequeña Bretaña» busca socavar a la Unión Europea, la otra posible potencia mundial comprometida con el capitalismo y la democracia nacionales y con el liberalismo global. 

Al mismo tiempo, y al igual que en el período de entreguerras, hay una potencia emergente, China, que no parece preparada para asumir por entero el liderazgo global. En el caso de este último país, también está la cuestión de su compromiso con el capitalismo y la democracia nacionales o con el liberalismo global. 

BBVA-OpenMind-Libro 2018-Perplejidad-Nelson-China-LowCost-El trabajo realizado por estas mujeres en una fbrica textil en la provincia de Anhui en China es un claro ejemplo de empleos considerados low cost

El orden liberal global debe, sin duda, hacerle sitio a China, pero no está nada claro que ese orden pueda sobrevivir a China en el caso de que Estados Unidos y la Unión Europea le den la espalda. 

Este es un período que necesita de liderazgo, y no podemos sino esperar que este provenga de un nuevo Roosevelt, y no de un nuevo Hitler o Stalin.